Si una persona de sistemas no tiene una consola en su casa y tampoco tiene juegos instalados en su computadora no es porque no le gustan los videojuegos. Todo lo contrario, le gustan tanto que tiene muy en claro que si vuelve a esos habitos puede llegar a faltar al trabajo, dejar plantada a su pareja, descuidar a sus amigos por un tiempo y lograr que esa vida de persona adulta con obligaciones a la que tanto le costó adaptarse se desplome como un castillo de naipes.