- Disculpame… ¿fumás?
- Si
- ¿Me convidás un pucho?
Si hay algo que me llama la atención y todavía no lo puedo entender es esa pseudo-solidaridad que hay entre los fumadores.
No importa cómo se lleven entre ellos, ni siquiera importa si se conocen o no: cuando una persona se encuentra con ganas de fumar, la otra está (casi) obligada a ofrecer un cigarrillo (**)
¿Será porque todos los fumadores conocen lo que es experimentar la falta de tabaco y no se lo desean a nadie?
Los peores son aquellos que están “dejando” de fumar. En realidad el único hábito que abandonaron exitosamente es el de comprar cigarrillos propios (es decir, siguen perjudicándose la salud pero ahora se ahorran unos pesos más al mes)
Estas últimas deberían, al menos una vez por bimestre, comprar un atado de puchos para frenar a la gente con la frase:
- Disculpame… ¿fumás? ¿No querés un pucho?
De esta forma por lo menos contribuyen cada tanto con la gente que fuma y se la pasa regalando puchos a personas que prometen por quincuagésima una vida libre de humo.
(*) No fumo, la verdad es que no sé qué hago escribiendo un post sobre el tema.
(**) Ojalá pasara lo mismo con el resto de los vicios. Las veces que quise alcohol tuve que comprármelo yo y las veces que me ofrecieron sexo pedían plata a cambio.
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